Un barco en la Catedral      

Introducción

En un curso de arqueología marítima, hablábamos sobre cómo reconocer elementos de tradiciones navales y marítimas en la cultura material. Para ilustrar el punto, el profesor mostró una imagen del zócalo de la Ciudad de México, con la Catedral al fondo, y afirmó: “Ahí hay un barco”. La incredulidad inicial se transformó en sorpresa cuando, al agrandar la imagen pudimos ver que, en efecto, el elemento central del relieve que adorna la portada derecha de la fachada principal de la Catedral, la que da entrada a la nave de la epístola, es un barco.
¿Qué hace ahí un barco? ¿Quién lo esculpió? ¿Cuál es el simbolismo asociado a esa imagen? ¿Por qué se puso ahí? En el presente trabajo trataré de responder estas preguntas.

La construcción de la Catedral y su fachada principal

La construcción de la Catedral inició oficialmente en la segunda mitad del siglo XVI. Aunque la autoría del edificio ha sido discutida debido a la variedad de artistas que estuvieron involucrados en su construcción, su “traza, o sea el plano, se debió a Claudio de Arciniega; el alzado a Juan Miguel de Agüero, que había sido el arquitecto que construyó la catedral de Mérida. Que Arciniega fué el autor del plano de la catedral es evidente pues fechado en el año de 1567 encontramos este documento en el archivo del templo” (Toussaint, 1973: 10-12)
La primera piedra fue colocada en 1573 y a partir de entonces su construcción abarcaría casi tres siglos de estilos artísticos, maestros, vicisitudes, abandonos, modificaciones y adiciones. En 1645, aún lejos de estar terminada, tuvo lugar la primera consagración de la Catedral, ceremonia algo apurada aunque no por ello menos suntuosa, que se hizo más por no quedar atrás de la consagración de la catedral poblana que por marcar la conclusión de la obra.
La segundad dedicación tuvo lugar el 22 de diciembre de 1667, día del cumpleaños de la reina Mariana de Austria, con procesión y fiestas encabezadas por el virrey marqués de Mancera, con la participación de “religiones, hermandades, cofradías y otras corporaciones” a quienes se les indicaron “los sitios donde habían de poner sus altares, para que sirviesen de adorno a la calle y descanso a la procesión” (Toussaint, 1973: 47)
Para entonces ya estaba concluido el interior de la Catedral pero se seguiría trabajando en su fachada principal, que se dio por terminada hasta 1672, levantándose hasta la cornisa que actualmente cierra el segundo cuerpo. La fachada tal como la conocemos hoy, con su tercer cuerpo y remates, no se terminaría definitivamente sino hasta principios del siglo XIX con la intervención del arquitecto Manuel Tolsá (Ilustración 1)